Fertilización
Abona cada 3–4 semanas de primavera a principios del otoño con un fertilizante para cactus y suculentas o un fertilizante líquido equilibrado a mitad de dosis. El jade es una suculenta de crecimiento lento, así que menos es más: el exceso de abono produce brotes blandos y alargados.
- Aplica el fertilizante líquido solo sobre sustrato húmedo para no quemar las raíces.
- No abones en invierno, cuando el crecimiento se ralentiza.
- Espera unas cuatro semanas después del trasplante antes de volver a abonar.
Ubicación
El jade quiere toda la luz posible: al menos 4–6 horas de sol directo al día. En interiores, usa la ventana más soleada; al aire libre en verano, el pleno sol es ideal una vez que el árbol se ha aclimatado poco a poco durante una o dos semanas, porque si no las hojas pueden quemarse.
- Un ligero tono rojizo en el borde de las hojas es una señal sana de buena luz.
- Mantenlo entre 18–24°C durante la temporada de crecimiento, lejos de la calefacción y las corrientes de aire.
- Mantenlo por encima de 5°C; mételo en casa antes de que las noches sean más frías, porque la helada destruye las hojas llenas de agua.
Poda
El jade responde bien a la poda y rebrota desde los nudos de las hojas, a menudo con dos brotes nuevos por corte. Haz la poda estructural en primavera o a principios del verano, cuando crece con más fuerza.
- Cuando un brote tenga 3–4 pares de hojas, recórtalo a 1–2 pares de hojas para crear ramificación.
- Quita hojas enteras cuando sea necesario; nunca cortes las hojas por la mitad, porque los bordes cortados cicatrizan mal y se arrugan.
- Deja que los cortes grandes se sequen y cicatricen solos; evita la pasta selladora, que encierra la humedad.
Las ramas son blandas y se rompen con facilidad, así que da forma al jade sobre todo con la poda. Si alambras, usa alambre forrado, dobla con suavidad y retíralo antes de que marque la corteza. Las ramas podadas son excelentes esquejes.
Trasplante
Trasplanta cada 2–3 años en primavera o a principios del verano, cuando el árbol crece activamente. Retira el sustrato viejo con cuidado, corta las raíces podridas o que dan vueltas y nunca elimines más de un tercio de la masa de raíces.
Usa una mezcla granulada y de drenaje muy rápido, como sustrato para cactus o akadama, pómice y roca volcánica con poca materia orgánica. Después del trasplante, espera alrededor de una semana antes de regar para que las raíces cortadas cicatricen y no se pudran.
Riego
Deja que el sustrato se seque casi por completo entre riegos y luego riega a fondo hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje. El jade almacena agua en las hojas y el tronco, así que la falta de riego es mucho menos dañina que el exceso.
Comprueba el sustrato con un palillo de madera: riega solo cuando salga seco. En verano al aire libre puede ser cada pocos días; en un invierno fresco, puede bastar con regar cada 3–4 semanas.
El jade no necesita pulverizaciones ni humedad alta, y las hojas mojadas en una habitación fresca favorecen la pudrición.
Cuidados por estación
- Primavera: Trasplanta y haz la poda estructural cuando se reactive el crecimiento. Empieza a abonar y acostumbra el árbol poco a poco al sol directo antes de sacarlo fuera.
- Verano: Mantén el árbol al aire libre a pleno sol cuando las noches se mantengan por encima de 10°C y riega cuando el sustrato esté seco. Recorta los brotes a 1–2 pares de hojas.
- Otoño: Deja de abonar a principios del otoño y mete el árbol en casa antes de que la temperatura baje de 5°C. Las noches más frescas y un sustrato más seco favorecen la formación de flores.
- Invierno: Mantén el árbol en la ventana más soleada, idealmente a 10–15°C, y riega poco. Disfruta de las flores en los árboles maduros.
Problemas comunes
Casi todos los problemas del jade se deben a demasiada agua o a poca luz. El jade es tóxico para gatos y perros si lo mordisquean, así que mantenlo fuera de su alcance.
- Hojas blandas, amarillas o que caen: Exceso de riego, a menudo junto con frío. Deja secar el sustrato, revisa si las raíces están podridas y usa una mezcla más granulada.
- Hojas arrugadas y marchitas: El árbol ha pasado demasiado tiempo seco. Riega a fondo; las hojas suelen recuperar su firmeza en pocos días.
- Brotes largos y débiles con mucha distancia entre hojas: Falta de luz. Llévalo al lugar más soleado y recorta los brotes alargados.
- Cochinilla algodonosa: Manchas blancas y algodonosas en las axilas de las hojas y en las raíces. Retíralas con un bastoncillo empapado en alcohol y trata con un insecticida adecuado si vuelven.
- Manchas marrones quemadas: Quemadura solar tras pasar de golpe a un sol fuerte. Aclimata el árbol poco a poco; las hojas dañadas no se recuperan, pero las nuevas saldrán sanas.